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Today's Creation Moment

Jul
23
Glass Insects in Space!
Psalm 9:1
"I will praise Thee, O Lord, with my whole heart; I will shew forth all Thy marvelous works."
Brine shrimp and water bears are tiny animals that are able to basically freeze dry into a state of suspended animation and then return to active life. Scientists have learned that they do this by...
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La relación genética más extraña

Daniel 4:3
¡Cuán grandes son sus señales y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno; su señorío, de generación en generación.

Un tipo de virus muy extraño, que algunos científicos ni siquiera creen que es un virus, depende de una avispa parasitoide para su existencia. Sin la avispa ni siquiera puede reproducirse. Asimismo, ni la avispa puede reproducirse sin el virus.

La avispa se llama una avispa parasitoide porque mata a su anfitrión, mientras que un verdadero parásito no mata a su anfitrión. Este drama empieza casi inadvertido por una oruga que es picada por una pequeña avispa. Luego de 10 días la oruga deja de moverse pero se mantiene pegada a cualquier planta donde se encuentra. Luego, los huevos que la avispa inyectó con su aguijón empiezan a nacer y los pequeños críos empiezan a comer su salida de la oruga. La pregunta es, ¿por qué el sistema inmunológico de la oruga no destruyó los huevos? Porque junto con los huevos, la avispa también inyectó un virus inusual que clausura el sistema inmunológico de la oruga. El único lugar donde el virus se puede reproducir es dentro de la avispa, donde no hace ningún daño. De hecho, la relación entre el virus y la avispa es tan cercana que su ADN se ha convertido en parte de la estructura genética de la avispa.

La relación entre la avispa y el virus es tan cercana que es obviamente creado. La evidencia para esto es especialmente clara ya que el virus es genéticamente dependiente de la avispa.

Oración: 
Señor, Tus maravillas son sobreabundantes, especialmente la maravilla de Tu plan de salvación a través de Tu Hijo. Amén.
Notas: 
Science News, 2/26/05, pp. 136-137, David Shiga, “Poisonous Partnership.”