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Today's Creation Moment

Sep
28
Birds With a Memory to Envy
Job 38:41
"Who provideth for the raven his food? when his young ones cry unto God, they wander for lack of meat."
The shy bird called Clark's nutcracker collects food during the growing season and stores it for the cold winter months. In one year, a bird will store between 22,000 and 33,000 seeds in as many as 2...
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La relación genética más extraña

Daniel 4:3
¡Cuán grandes son sus señales y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno; su señorío, de generación en generación.

Un tipo de virus muy extraño, que algunos científicos ni siquiera creen que es un virus, depende de una avispa parasitoide para su existencia. Sin la avispa ni siquiera puede reproducirse. Asimismo, ni la avispa puede reproducirse sin el virus.

La avispa se llama una avispa parasitoide porque mata a su anfitrión, mientras que un verdadero parásito no mata a su anfitrión. Este drama empieza casi inadvertido por una oruga que es picada por una pequeña avispa. Luego de 10 días la oruga deja de moverse pero se mantiene pegada a cualquier planta donde se encuentra. Luego, los huevos que la avispa inyectó con su aguijón empiezan a nacer y los pequeños críos empiezan a comer su salida de la oruga. La pregunta es, ¿por qué el sistema inmunológico de la oruga no destruyó los huevos? Porque junto con los huevos, la avispa también inyectó un virus inusual que clausura el sistema inmunológico de la oruga. El único lugar donde el virus se puede reproducir es dentro de la avispa, donde no hace ningún daño. De hecho, la relación entre el virus y la avispa es tan cercana que su ADN se ha convertido en parte de la estructura genética de la avispa.

La relación entre la avispa y el virus es tan cercana que es obviamente creado. La evidencia para esto es especialmente clara ya que el virus es genéticamente dependiente de la avispa.

Oración: 
Señor, Tus maravillas son sobreabundantes, especialmente la maravilla de Tu plan de salvación a través de Tu Hijo. Amén.
Notas: 
Science News, 2/26/05, pp. 136-137, David Shiga, “Poisonous Partnership.”