Millones de narices
La langosta, con su concha externa, está clasificada como un crustáceo y está considerada por los evolucionistas como una de las más antiguas criaturas evolucionadas. Pero estudios recientes de los hábitats y habilidades de las langostas demuestran que estas criaturas son inesperadamente complejas; y sus habilidades son iguales a las de criaturas que supuestamente son más evolucionadas.
El sentido del olfato y del gusto de la langosta es hasta un millón de veces más sensible que de otras especies. Los sentidos son recogidos por mechones parecidos a cabellos en sus apéndices. Cuando come, la langosta cuidadosamente prueba el olor de cada cosa que come. La langosta parece nunca aburrirse con un largo y placentero olfato de cada bocado. De hecho, los científicos han encontrado que las células nerviosas de las antenas de la langosta y los cabellos en las patas que caminan son más especializados que cualquier de aquellos de otra criatura.
Las langostas en realidad utilizan sus sentidos del olfato y sus habilidades para crear varios químicos como un medio de comunicación. Tanto los machos como las hembras que están listas para aparearse utilizan señales de olor para comunicar su disponibilidad. Ellos generan aún otras señales de olor para comunicar su disponibilidad de pasar de una etapa a otra en el cortejeo.
Aquellos de nosotros que creemos que la langosta, como todas las demás criaturas, fue creada por Dios no nos sorprendemos de saber que las langostas muestran mucha más complejidad de lo que los evolucionistas esperaban. Ninguna cosa viviente que nuestro Creador ha hecho es simple ni mal equipada para vivir.
