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Today's Creation Moment

Apr
01
God Shows Us the Earth from Space
Job 26:7
“He stretcheth out the north over the empty place, and hangeth the earth upon nothing.”
The Earth floats in space, attached to nothing, surrounded by a thin layer of air. What science has only just learned, the Bible has taught for thousands of years! Yes, while other ancients pictured...
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La relación genética más extraña

Daniel 4:3
“¡Cuán grandes son sus señales y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno; su señorío, de generación en generación”.

Un tipo de virus muy extraño, que algunos científicos ni siquiera consideran como un virus, depende de una avispa parasitoide para su existencia. Sin la avispa, el virus no se puede reproducir, ni la avispa puede reproducirse sin el virus.

A la avispa se le dice parasitoide porque mata a su anfitrión, mientras que un verdadero parásito meramente controla a su anfitrión.  El drama empieza casi inadvertido por una oruga al picarle la pequeña avispa.  Luego de diez días la oruga deja de moverse pero permanece pegada a la planta en la cual se encuentra.  Luego, el huevo que la avispa ha inyectado con su picado empiezan a nacer y los críos empiezan a comer la oruga al salir.  La pregunta es, ¿por qué el sistema inmunológico de la oruga no destruyó los huevos?  El secreto es que cuando puso los huevos, la avispa también inyectó el virus inusual que cierra el sistema inmunológico de la oruga.  El único lugar donde el virus se puede reproducir es dentro de la avispa, donde no hace daño a nadie.  De hecho, la relación entre el virus y la avispa es tal que el ADN del virus de hecho se ha convertido en parte de la estructura genética de la avispa.

La relación entre la avispa y el virus es tan cercana que es obviamente creado.  La evidencia para esto es especialmente clara ya que el virus es genéticamente dependiente de la avispa.

Oración: 
Señor, Tus maravillas son sobreabundantes, especialmente la maravilla de tu plan de salvación a través de tu Hijo. Amén.
Notas: 
Science News, 2/26/05, pp. 136-137, David Shiga, “Poisonous Partnership.”