¿Un elefante naranja?
En Génesis 2:19 leemos que Dios trajo a Adán los animales que Él había hecho para ver lo que Adán los llamaría. Se ha notado por generaciones que esta labor mostró las grandes habilidades intelectuales de Adán.
Mire, Adán tenía que conocer la naturaleza de un animal para poder darle un nombre significativo. Recuerde que Adán tenía el perfecto conocimiento de Dios. Al mirar a cada una de las creaciones de Dios, él podía ver una expresión de la naturaleza de Dios. Esto le permitía identificar lo que Dios había hecho que sea cada criatura, para así poderle dar un nombre significativo. Mientras esto puede ser difícil para nosotros entender, la ciencia ahora ofrece evidencia de que los nombres de los animales y sus características son en realidad almacenadas juntas en nuestros cerebros.
Algunos investigadores estudiaron a una mujer de 70 años que tenía un daño cerebral en ambos lóbulos temporales y otro daño en otra parte de su cerebro. Debido al daño, ella tiene una incapacidad muy inusual—ella no puede nombrar animales. Cuando se le enseña la foto de una vaca, por ejemplo, o escucha el “muu”, ella no puede identificar el animal. Ni puede recordar las características de los animales. Cuando se le pregunta de qué color son los elefantes, ella dijo que eran de color naranja.
Este incidente provee fuerte evidencia de que los nombres y características de los animales son en realidad almacenados juntos en nuestro cerebro. También debe ilustrarnos cuanto más grandes fueron las habilidades de Adán de lo que son las nuestras hoy en día. Necesitamos tratar al llamado “hombre antiguo” con respeto.
