Pies de barro humanos
Es una percepción común que los científicos son totalmente objetivos e imparciales en su búsqueda por la verdad. ¡Si un científico lo dice, debes ser verdad! Incluso entre sí, ellos se refieren en broma a los líderes de su campo como los “sumo sacerdotes de la ciencia”.
Pero muchos científicos voluntariamente admitirán que son igual de falibles, e igual de propensos al prejuicio o incluso a la deshonestidad como cualquier otra persona. El científico del siglo 19, Charles Babbage – un creacionista por cierto – hizo un estudio analítico del problema del fraude en la ciencia. Y encontró que hay tres tipos básicos. Los científicos pueden y de hecho registran observaciones que nunca tuvieron lugar. Un segundo tipo de fraude es el ignorar aquellas observaciones que no encajan con el promedio. Un tercer tipo se llama “cocinando” – donde solo los datos que encajan en sus expectativas son utilizados y lo demás es descartado. Los científicos de hoy están bajo presión para recurrir a cualquiera de estas formas de fraude para continuar obteniendo subvenciones investigativas, o mantener el estatus ante sus colegas.
Todo esto significa que los científicos son igual de humanos y propensos a las mismas motivaciones en su trabajo que el resto de nosotros. No todos los científicos son fraudulentos, así como no todos los mecánicos son deshonestos. Así mismo la ciencia no es algún tipo de puerta hacia la verdad absoluta. Ni puede ésta juzgar la verdad de la Santa Palabra de Dios.
