Lamentaciones 3:39-41

“¿Por qué se lamenta el hombre, si está vivo a pesar de su pecado? Escudriñemos nuestros caminos, busquemos y volvámonos a Jehová; levantemos corazón y manos al Dios de los cielos”.

No es cierto que los pingüinos no sean aves voladoras.  Ellos están perfectamente diseñados para volar.  Sin embargo, cuando un pingüino vuela en busca de comida, no lo busca en el aire, sino que en el agua.

El rey pingüino es uno de los más grandes aviadores en el agua.  Los científicos han puesto dispositivos de grabación científica en las espaldas de los pingüinos reyes.  Para su sorpresa aprendieron que el ave desciende más profundo de los 183 metros en busca de su presa.  Esto es más profundo que cualquier otro pingüino excepto el pingüino emperador.  Regularmente se sumerge a profundidades más grandes que los 91 metros.  Los científicos también estudiaron el metabolismo del pingüino.  Estuvieron impresionados por el hecho de que las zambullidas a 30 metros toman muy poco esfuerzo por parte de los pingüinos.  ¡Algunas aves tuvieron un promedio de 300 zambullidas a distintas profundidades cada día!  Esto es especialmente impresionante cuando uno se da cuenta de que el ave está sosteniendo la respiración mientras se zambulle.

El pingüino rey debe alcanzar tan grandes profundidades porque su dieta principal, el calamar, se encuentra a estas profundidades.  Los científicos estimaron que entre 50 y 90 calamares deben ser atrapados por los pingüinos en cada viaje al mar.  Debe haber suficiente calamar para proveer energía no solo para el padre que se zambulle, sino también para el polluelo en el nido.

No debemos pensar en el pingüino como un ave que perdió su habilidad de volar.  Las alas de pingüino rey no están diseñadas para volar en el aire.  Sin embargo, están perfectamente diseñadas para el vuelo en el agua.  Esto es comprobado por el hecho de que pueden alcanzar tan grandes profundidades y son tan eficaces en atrapar calamares.  ¡Inclusive los pingüinos glorifican a su Creador!

Oración: Te agradezco y te alabo, Señor, que nada en la creación cesa de glorificarte.  Perdóname por los momentos en que me he quejado por algo y lléname de gratitud y deseo de glorificarte delante de los hombres.  Amén. 

REF.: J. A. Miller. 1982. Deep Dives at Sea with King Penguins. Science News, August 21. P. 119.

 

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